miércoles, 23 de enero de 2013

El Círculo


Suavemente tapó sus ojos con un pañuelo. En un susurro, le dijo:

-Confía en mi, tengo un regalo para ti. 
La llevó con cuidado al ascensor y ella preguntó:

-¿Dónde me llevas?
-No puedo decírtelo, no sería igual. 

La condujo hasta la puerta del edificio, donde una limusina los esperaba. Una vez hubieron entrado, le quitó la venda de los ojos. Ella se quedó pasmada al verse dentro de una limusina. No dijo nada, pues no había nada que decir. De repente, el coche se paró, y una voz grave en el asiento de delante anunció que habían llegado a su destino. El muchacho volvió a ponerle la venda a la chica y salió, brevemente, del coche. A la vuelta, abrió la puerta y cogió la mano de la muchacha para ayudarla a salir de la limusina. La condujo a un ascensor enorme repleto de gente. Subieron. Y siguieron subiendo. Al fin llegaron. Cuando se abrió la puerta se oían los coches de la capital yendo y viniendo. El muchacho acompañó de la mano a la chica, y mientras le quitaba la venda, le dijo al oído:

-Mira, te regalo Madrid.