Este verano intenté dejar de fumar y así transcurrieron las primeras y únicas horas que tardé en echarme un cigarro a la boca.
Día 1. Son las 17.45 de la tarde. Me he levantado a las 9:00 y ya he empezado a sufrir fisiológicamente. No dejo de pensar en el tabaco. Me estoy fumando encima. Mi madre me ha comprado dos paquetes de chicles Five. Veremos lo que me duran. Esto es muy duro, veo que si me encuentro tabaco en cualquier forma me lo voy a fumar. Hay que ser fuerte. Es por mi salud. Aun no me he puesto agresivo, pero sí que tengo ansiedad. Estoy estudiando para los exámenes de Septiembre y he decidido dejar de fumar para evitar que mis encías se dañen más de lo que están. Repito, está siendo muy duro. Y es que el primer día es el peor. Voy a escaparme. Me voy a dar un paseo por la montaña, a respirar aire fresco, que es lo que necesito en estos momentos.
He vuelto dos horas después de salir del campo, y me ha venido muy bien el largo paseo por las preciosas montañas de Biar. Apenas he pensado en fumar, y me he ido de mal humor y he vuelto cantando con los Chikos del Maíz, el Swan o el Chojin.
Ha sido una tarde entretenida a fin de cuentas. Ahora a ver como se desarrolla la noche hasta que me acueste.
Día 2. Anoche me costó mucho dormirme. Ni siquiera con una película que he visto miles de veces lo conseguía. Finalmente sobre las tres y media logré conciliar el sueño, pero durante poco tiempo, porque me he despertado varias veces durante la noche. Esto es duro. No sé si podré aguantarlo.
Hoy me he fumado un cigarro. Pero no he podido ir a ningún sitio a comprarme un paquete. Tengo muchas ganas de fumarme un cigarro detrás de otro. Esta tarde bajaré al estanco de Biar a comprarme un Lucky con su círculo rojo, con sus 20 jugosos y cancerígenos palitos de la muerte.
Sin tabaco yo no escribiría.
Fdo: Quevedo.
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